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¡VIVO CON UN ADOLESCENTE!

Educar a los hijos durante la pubertad es una de las tareas más difíciles. Un psicólogo ofrece en su nuevo libro las claves para lograrlo.

Para nadie es un secreto que la adolescencia es una etapa difícil. No solo porque representa la transición de la niñez hacia la adultez, con una serie de cambios físicos y psicológicos muy notorios, sino porque los papás se enfrentan a un gran desafío en su labor de crianza.

Sin embargo, ser padre es mucho más difícil para las nuevas generaciones. Así lo asegura Ian Williamson, psicólogo experto en infancia y adolescencia de la Sociedad de Psicología Analítica en Reino Unido, que acaba de publicar Debemos charlar: una guía para hablar con franqueza y criar adolescentes resilientes, donde ofrece una guía completa para tener éxito en esa difícil labor.

Williamson ha trabajado durante 30 años con más de 50.000 adolescentes en su consultorio y en investigaciones científicas. Por eso decidió escribir su libro, en el que expone que hay dos razones de peso por las cuales resulta tan difícil criarlos en el siglo XXI. En primer lugar, la ubicuidad de los teléfonos celulares, que aíslan a los jóvenes del contacto con su familia, sumada a la incapacidad de los padres para controlar el uso permanente de estos aparatos. Y en segundo lugar, "el deseo errado de los papás de hacer felices a sus hijos en vez de prepararlos para los golpes que da la vida", señala el experto.

Estos factores han generado una epidemia de problemas de salud mental en los jóvenes entre los 12 y 18 años. Tanto es así que la revista Time dedicó una portada a finales de 2016 para revelar el aumento de los trastornos de ansiedad y depresión clínica en adolescentes. Todo esto también va ligado con los casos de suicidio que ahora cada vez son más comunes en este grupo poblacional. Por eso Williamson dice que es esencial que los papás sepan manejar con mucho cuidado la educación de sus hijos.

Estas son las siete claves.

1 El papá no es amigo de su hijo

Muchos padres intentan solucionar conflictos con sus hijos adolescentes convirtiéndose en sus mejores amigos y siendo permisivos. Sin embargo, Williamson dice que no está bien porque nunca hay que perder de vista quién es quién y los roles en la relación. "Los adolescentes tienen su propia lógica, basada en los impulsos más que en la razón y saben perfectamente cómo jugar con nosotros", dice el autor. Por eso es mejor que los papás sean francos desde un principio y digan con qué están de acuerdo y qué no les gusta de la conducta de sus hijos. Por ejemplo, a algunos les puede parecer inapropiado dejarlos solos en la casa o permitirles salir en las noches hasta la hora que quieran. Es importante expresarles esto sin titubeos y dejarles claro que si llegan a enterarse de que hicieron algo a espaldas suyas, van a tener que pagar una penitencia y perder autonomía.

2 Sepa qué peleas dar

La mayoría de los papás se preocupan por detalles insignificantes como el desorden, las groserías o el carácter fuerte de sus hijos adolescentes. Williamson expone el ejemplo cotidiano del desorden en las habitaciones. Según él, los papás se obsesionan con esto porque piensan que al reprenderlos por encontrar una taza bajo la cama o ropa tirada en el piso van a ejercer control sobre ellos. Pero les cuesta hablarles de cosas más delicadas como, por ejemplo, los riesgos de ver mucha pornografía o practicar sexting, o incluso decir mentiras. Muchos padres pueden perder la noción de lo importante y centrarse en cosas que a cualquier adolescente le suceden por naturaleza. "Esto no significa que no puedan reprocharles su comportamiento, pero no deben exagerar y evitar sermones largos sobre cosas que con el tiempo aprenderán", dice el autor. Por eso deben elaborar un plan para meterse más en el mundo de sus hijos y enseñarlos a ser resilientes. Es decir, que sepan lidiar con las adversidades.
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3 No les quite el celular; ponga reglas

Está claro que los teléfonos móviles hoy en día son más que un juguete para los adolescentes. Sin embargo, Williamson dice que ninguno va a autocontrolar el uso de su celular hasta que cumpla al menos 16 años. Por eso recomienda a los papás evitar que usen contraseña en su teléfono antes de cumplir esa edad y revisar su actividad en las redes sociales, pero sin acosarlos. También vale la pena establecer un toque de queda de 7 a 8 de la noche para que entiendan que el mundo virtual no es el único y que deben reconectarse con la vida familiar. "Si están todas las noches en sus cuartos con sus celulares van a perder muy pronto el contacto con su familia y los papás no podrán hablarles sobre sexo, drogas y alcohol porque están generando una barrera con los aparatos", dice el autor. Usar tanto el celular tiene el riesgo de que los distrae y no permite que aprendan a enfrentar el mundo real por sí mismos.

4 Evite las discusiones

Los adolescentes adoran el drama, pues sus constantes cambios de estado de ánimo los hace casar discusiones fácilmente. Sin embargo, para pelear se necesitan dos y los papás deben evitar al máximo caer en ello. Williamson dice que los adolescentes son expertos en crear una tormenta en un vaso de agua y siempre están esperando a que sus papás les echen el mismo sermón de siempre para luego encerrarse en su cuarto. Si el tema viene de una mala nota en el colegio es importante mantener la calma y no llegar a los gritos. Pero también hay que establecer un discurso que los haga recapacitar y mejorar.

5 Cero cantaletas, muchos castigos

Los papás deben exigir disciplina, pero la clave está en la forma para lograr que sus hijos les hagan caso. Según Williamson, hablarles largo y tendido sobre un asunto puede funcionar, pero no es suficiente. Lo más importante es concentrarse en decirles las consecuencias de sus actos y que recibirán castigos o penitencias si desobedecen. Entonces si un adolescente se niega a decirles a sus papás a dónde va a salir y a qué horas va a regresar, ellos deben "tocarles lo que más les duele: el celular o su mesada", dice el autor. Así reaccionen en forma explosiva, los papás podrán controlarlos y calmar la tormenta sin agredirlos. Pero lo más importante es que los chicos tomarán conciencia de que si bien tienen derecho a divertirse, también deben rendirles cuentas a sus padres antes de llegar a la mayoría de edad.
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6 Cuidado con las aguas mansas

Williamson dice que los papás deben ser sumamente cuidadosos si sus hijos no les dan problemas, especialmente si tienen entre 15 y 18 años, pues es probable que estén equivocándose en algo. A medida que los adolescentes crecen, se vuelven maestros del engaño y saben cómo manipular para lograr sus propósitos. "He conocido casos de papás que me han dicho que todo parecía ir bien y que de repente las cosas empezaron a ir mal. Yo les digo que se durmieron y que no deben dejarse seducir por la complacencia", afirma el autor. Así que los padres deben revisar el historial de navegación de su celular o computador de sus hijos para evitar sorpresas. Williamson dice que es normal que estos busquen evadir las tareas del colegio para jugar o hacer lo que les gusta. Por eso es importante mantenerlos bajo un ojo vigilante y no ser muy laxos.

7 Las notas escolares no lo son todo

Los papás quieren que sus hijos sean mejores que ellos y esto lo pueden evidenciar con las calificaciones en el colegio. Sin embargo, Williamson afirma que estos números nunca van a reflejar si ellos están bien o si son muy inteligentes. "Las notas son una ilusión y al final importan más el esfuerzo y la persistencia que ser el primero del salón o tener el mayor coeficiente intelectual", dice el autor. Muchas veces los adolescentes tienen bajo rendimiento académico por miedo al fracaso y no porque sean perezosos. Esto puede dañar su autoestima y generar otros problemas en su conducta fuera de las aulas. Por eso el autor recomienda encontrar una actividad extraescolar que les guste a sus hijos como hacer deporte, entrar a una escuela de teatro o aprender a tocar algún instrumento musical. "Esto puede ser vital para que les vaya mejor en el colegio", concluye Williamson.

Tomado de la revista Semana, publicado el jueves 31 de agosto de 2017
Sección: Familiar

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